CUENTOS QUE INVITAN A CRECER (I)
Chale
A través de este Blog encontrarás muchos cuentos que ayudan a crecer en lo personal y espiritualmente, aportados por maestros, pensadores, guías, personas que han transitado por esta dimensión sacándole provecho a la oportunidad de vivir.
Para ello se han seleccionado de diferentes fuentes de información
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- Un pequeño cuento taoísta
Shu Fu-Tseu era un erudito escéptico que no creía en milagros.
Cuando murió su suegro y Shu lo velaba solitario, el ataúd se elevó lentamente hasta quedarse inmóvil en al aire. Shu se horrorizó y postrándose ante la caja gritó atropelladamente: "¡Venerable suegro, te ruego que no contradigas mis creencias!"
Dicho esto el ataúd bajó lentamente hasta depositarse en el suelo, con lo cual Shu recobró aliviado su escepticismo - Cuento oriental de Hu-Song
Hu-Song, filosofo de Oriente, contó a sus discípulos la siguiente historia:
... Varios hombres habían quedado encerrados por error en una oscura caverna donde no podían ver casi nada . Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró encender una pequeña tea. Pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver nada. Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás prendieran su propia tea y así compartiendo la llama con todos la caverna se iluminó
- Me parece que eres tú!
En la plaza del mercado, Nasrudín, profundamente absorto, recitaba una oda:
- "¡Oh, mi bienamada!
Mi ser interior está tan colmado de ti
Que todo lo que se presenta ante mi vista
¡Me parece que eres tú!"
Un bromista gritó:
- "¿Y qué pasa si un tonto aparece ante tu vista?"
Sin detenerse, el Mulá, como si fuera un estribillo, continuó:
- "¡ ... Me parece que eres tú!" -
Más tarde de lo que usted cree
Decidiendo que por una vez ayunaría los treinta días de Ramadán, Nasrudín decidió llevar la cuenta poniendo una piedrita en una olla por cada día que pasara.
Su hija pequeña, viendo al padre hacer esto comenzó también a traer piedras de todo el jardín y a introducirlas en la olla. Nasrudín nada sabía de esto.
Días más tarde unos viajeros que pasaban le preguntaron cuantos días del mes de ayuno habían pasado ya. Nastudín corrió hasta su olla y contó las piedras. Cuando regresó, dijo:
"Treinta y cinco"
"¡Pero si sólo hay treinta días en un mes!"
"Yo no exagero -respondió el Mulá con dignidad-; muy por el contrario. La verdadera cifra es ciento cincuenta y tres." - El miedo, aliado o enemigo
Una vez en medio de una conversación en la que varias personas habían hablado de sus temores y fobias, y otras tantas se habían quedado perplejas por la influencia que tales espantos producían en las vidas de las primeras, alguien contó el siguiente relato, para subrayar su propia hipótesis que resumió diciendo: Solo se necesita miedo. El cuento decía así:
"Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. a menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba. El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora, le dijo: -¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar! El asceta dijo: Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra. ¡Ahora mismo los estoy viendo! ¡Si, ahora mismo! ¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra? Y el asceta repuso: Solo se necesita miedo."
El caso es que el miedo siempre nos hace reaccionar, es como un motor o como un caballo que podemos utilizar en nuestro beneficio, siempre y cuando tengamos en nuestras manos las riendas, el cambio de marchas que nos asegure la velocidad correcta en nuestra reacción. Solo que muy frecuentemente en las nieblas de nuestros pensamientos, los temores no se ven tan concretos, en mi caso más bien a veces me empapan con un rocío de futuros anticipados e inciertos. Quizás alguien más como yo, haya sentido ese escalo frío, esa humedad en el alma, presagio con eco transparente, Quizás también alguien, haya pensado, pasado el primer sofoco de la incertidumbre que cuando sentimos miedo, nos sentimos vivos. Me da miedo el miedo porque lo entiendo como un entramado entre el tejido interior de mi mente (teniendo en cuenta el punto de cruz de los pensamientos conscientes, y el encaje de bolillos del subconsciente también) y las puntadas de vahinica doble que me va dando la realidad. Me da miedo el miedo porque la vida es una labor que a veces se va bordando a mi costa, y lo mismo estoy remendando un descosido en el ánimo que ya noto la aguja de la rutina, por ejemplo enhebrando un nuevo habito. Me da miedo lo que no controlo. La vida a veces me produce temor. La vida que se escapa, la que parece no llegar, la que me inunda y me arrastra, ... marea de placer a veces, de dolor también. Y tú ¿de qué tienes miedo? nos preguntamos aquel día del cuento y la conversación en grupo... Miedo a quedarse sin esperanzas, sin horizontes, ... miedo a quedarse sin miedo, dijo alguien. Porque tener miedo significa temor a perder algo que en si mismo es valioso y que marca un rumbo, aunque solo sea un extravío de huida para mantenerlo a salvo. Me da miedo el miedo, cuando se alía con esa parte de mi misma que desconozco, así que quizás solo estoy temiendo mi propia sombra. Pero es cierto también que mi amigo el miedo ha sido a veces el único capaz de señalar el agujero negro, la oscuridad, y el abismo en el camino. Y de la mano del compañero miedo he cambiado por tales peligros el rumbo, la mirada, o simplemente he podido despertar de la pesadilla. El Ratón de Biblioteca www.camova.com.
- Encuentro con el diablo
"Cierto hombre devoto, convencido de que era un sincero Buscador de la Verdad, emprendió un largo curso de disciplina y estudió. Tuvo numerosas experiencias, bajo diversos maestros, tanto en su vida interna como en su vida externa, durante un considerable período. Un día estaba meditando cuando, de repente, vio al Diablo sentado a su lado: -¡Lárgate, demonio! -exclamó-, no tienes poder para dañarme, ya que sigo el sendero de los elegidos. La aparición se desvaneció, pero un hombre realmente sabio que pasaba a su lado le dijo tristemente: -Ay, amigo mío, has injertado el esfuerzo sobre bases tan inseguras, como son tu temor, tu codicia y tu autoestima, que has llegado a la última experiencia posible. -¿Y cómo es eso? -preguntó el buscador. -Ese diablo es, en realidad, un ángel. Diablo es únicamente como tu le viste. En adelant4 será mejor que recuerdes a menudo este proverbio: "Valiente es el ladrón que lleva una lámpara en su mano". (Este cuento pertenece a la tradición espiritual árabe y ha sido publicado en varias recopilaciones de relatos de la tradición sufí.) +El ratón de Biblioteca
