CHALE
¿Es usted una persona que constantemente se apoya en las excusas?. ¿Ha hecho de las excusas un hábito? ¿Ha descubierto por que se apoya en exusas? ¿Ha terminado como ello afecta su conducta, sus relaciones?. Son preguntas que involucran la necesidad de tener respuestas a fin de salir del anclaje que produce el siempre estarse excusando.
La Lic. Romina Halbwirth al respecto del tema expone que estamos en el tren de la vida, en el último vagón, no tenemos boleto y es por eso que el viaje no es tan lindo, ¿no vale la pena no?. Viajamos acostados y claro no tiene asientos ese vagón. Estamos encerrados, no se ve nada… y claro no tiene ventanillas y de pronto de excusa en excusa sentimos la sirena del tren que se marcha y ese vagón queda perdido en la vía y ahí en esa oscuridad estamos nosotros… de excusa en excusa seguimos detenidos en un lugar que es siempre el mismo.
…Y si decidimos dejar las excusas de lado y abandonamos ese vagón y corremos aunque nos duelan las piernas hasta la próxima estación, y sacamos el boleto, y nos subimos a ese tren, y nos sentamos cerca de la ventanilla, y giramos la cabeza y vemos que hay un mundo afuera que está esperando que nosotros formemos parte de él…
Vamos… escucho la sirena… en la próxima estación leé el cartel que te da la bienvenida… y detené tu mirada en aquel vagón que dejaste atrás. En él quedaron encerrados miles de momentos que ya no volverán: decile adiós porque algún día vas a comprender que de excusa en excusa se te va la vida.
Agrega Halbwirth, que cuando nos sentimos habitualmente deprimidos, impotentes o inútiles, es como si un gran letargo se apoderara de nosotros. Nos sumergimos en un mar de desesperación. Y es mejor quedarse tranquilo que intentar salir adelante.
Las excusas son la razón fundamental de la inacción, son como cuchillos que utilizamos para pinchar los salvavidas que nos tiran los demás, las máscaras con las cuales nos ocultamos, las muletas sobre las que nos apoyamos.Confiamos en las excusas para evitar los riesgos, para explicar el fracaso, para resistirnos a los cambios, para proteger nuestro amor propio. La excusa es una forma de decir: “No es culpa mía”.
Es curioso, pero la inteligencia no es una defensa contra las excusas. Mis pacientes más brillantes no utilizan necesariamente sus altos coeficientes intelectuales para comprender y resolver sus malos hábitos emocionales. Sólo tienen más imaginación para buscar excusas que les sirvan para seguir con la antigua conducta.
Es cierto que no es fácil abandonar las cómodas coartadas. Cuando temes salir de la cama por la mañana, intentarás miles de razones por las cuales no puedes presentarte a esa entrevista de trabajo o comenzar a buscar un nuevo departamento. La inercia te mantiene en un mar de apatía. La fuerza de la gravedad emocional te obliga a permanecer allí.
Gonzalo Retamal Moya nos agrega sobre las excusas, que alguna vez escuché de un gran escritor decir que no había necesidad, por grande que pareciera, que justificara inventar una excusa. "Tus amigos no las necesitan y tus enemigos no las van a creer de todas maneras, entonces para que darlas."
Sin embargo, todos los días escuchas personas dando excusas por todo. Excusas por llegar tarde, excusas por olvidar citas pendientes, excusas por no hacer suficiente ejercicio, excusas de por qué no han logrado el éxito económico deseado, excusas sobre por qué sufren de exceso de peso.
Todas las excusas buscan justificar algún tipo de acción mediocre que hemos cometido o que estamos cometiendo. ¿Cuántos de ustedes conocen por lo menos a una persona que en algún momento, tratando de explicar un fracaso, no ha apuntado su dedo, buscando culpables a su alrededor?.
Lo cierto es que la mayoría de las personas poseen un variado arsenal de justificaciones, excusas, mitos, mentiras, suposiciones, y disculpas para justificar cualquier tropiezo. Curiosamente, lo único que todas estas excusas parecen tener en común es que sitúan la culpabilidad fuera de la persona misma. Para la persona mediocre, su fracaso es el resultado de la discriminación, o del sistema, o de la falta de amor por parte de su familia, o de apoyo por parte de los amigos, o de la envidia de los demás, o simplemente de la falta de oportunidades. Los menos atrevidos culpan al destino, mientras los más sofisticados culpan a la situación económica, al sistema político o a las tendencias globales.
Muchos culpan a Dios por sus desventuras. Los más cínicos profesan que "no es lo que uno sepa sino a quién conozca". Los resignados aceptan que "lo que ha de ser para uno será para uno, y que si no ocurre, pues no era para uno, y por algo será, y a lo mejor no me convenía, y ...", o que "lo importante no es ganar o perder, sino haber tomado parte en el juego". Toda una serie de diferentes maneras de justificar su mediocridad que los exonera de toda culpa. Para todos ellos, sus fracasos parecen siempre ser el resultado de una conspiración en su contra.

No cabe la menopr duda, que es fácil racionalizar nuestra mediocridad y encontrar culpables por nuestros fracasos, si de antemano hemos aceptado que la responsabilidad por nuestro éxito y felicidad personal no es enteramente nuestra. Así que después de muchos años de esperar vanamente que alguien hiciera algo por nuestra felicidad, después de muchos años de estar cansados de estar cansados, después de muchos años de clamar justicia y pedir oportunidades desde la comodidad de nuestro sillón favorito frente al televisor, después de encontrar cuanta excusa fue posible encontrar sin que nada cambiara, hemos llegado frente al mayor de todos los paradigmas sobre la felicidad y el éxito en el nuevo milenio.En la medida que usted se sorprenda dependiente de las excusas, el por qué la utiliza y emprende acciones que lo liberen de ellas, usted notyará un cambio en su conducta, comportamiento, empezará a rescatar su autenticidad y tendrá más dominio de si mismno.