CHALE
No se puede negar que estamos en una época en donde se da con más facilidad la apertura sexual, en donde desde muy temprana edads tanto hombres como mujeres se deciden experimentar en el sexo libremente, muchas veces si saber las consecuencias que ello pueda generar que va desde lo ´psiquico, físico, frustración placer,dependencia, disfrute, daño, sufrimientos, dependiendo el interés, la razón que conlleva a adentrarse en él.
En un escrito sobre este tema de enplenitud.com se señala, que no nos debe sorprender en contarr la pregunta que algunas mujeres hacen sobre:
¿Por qué me quedo “atrapada” después del sexo y él no? Nos conocimos y nos gustamos. Decidimos concretar un encuentro sexual. Me quedé pensando en él y con ganas de más. Yo creía que había sido bueno lo que sucedió, pero él no volvió a aparecer.
Motivo frecuente de queja entre las mujeres: ellos desaparecen después del sexo, mientras nosotras nos quedamos esperando que la historia continúe. Una de las causas de esta dolorosa (para las mujeres) realidad es que con la liberación sexual se ha perdido una parte importante e íntima que solía reservarse al sexo.
La posibilidad más abierta y libre de sexo “gratis” para los hombres ha hecho perder una de sus facetas sagradas, de encuentro íntimo y cercano. La exterioridad de la genitalidad masculina y su tendencia “animal” de distribuir su semilla en la mayor cantidad posible de hembras la convierte en una conducta poco consciente.
La naturaleza interior de la genitalidad femenina induce a que la selectividad sea un poco mayor. La sensación femenina suele ser que para dejarse penetrar por la energía sexual de un hombre, es necesario algún criterio de selección más fino.
Esto significa, en términos generales, que cuando una mujer decide acostarse con un hombre es porque suele haber algo más de él que le gusta, además de su cuerpo. Tiene que haber alguna energía, alguna sensación de que lo que entra (y se queda adentro) puede ser bueno.
Entonces, si le gusta, después quiere más. Esto, por supuesto, es una generalización burda, pero tiene algo de raíces en una realidad energética, cultural y biológica.
Se agrega, que la sexualidad femenina no responde exclusivamente a la genitalidad; en general es más completa y suele incluir también el aspecto emocional. Los hombres no suelen tener conciencia de la importancia de esta integración para su propia satisfacción.
Si consideramos el sexo como un espacio de “descarga” solamente, entonces un encuentro casual puede servir a ambos. Pero la cualidad femenina de conexión con la energía amorosa y emocional de su naturaleza requiere una integración que solamente es posible cuando la conexión es más completa.
El ciclo de respuesta sexual, coincidiendo con el de la energía, tiene 4 fases: estímulo (correspondiente al deseo), carga (que coincide con la excitación), descarga (asociada con el orgasmo) y recuperación (que se vincula con la fase de bienestar en el encuentro sexual).
Los hombres suelen terminar sus encuentros antes de cerrar verdaderamente el circuito (es decir, en la fase de descarga; después del orgasmo, muchas veces les gustaría que la mujer con la que están desapareciera). Por eso suelen necesitar una y otra vez diferentes encuentros, porque no quedan realmente satisfechos. Hasta que se conectan con el amor. Y ahí quieren quedarse.
Acostarse, compartir con alguien la experiencia sexual sin motivación de sentimientos, de atracción, simplemente por el hecho de realizar un acto que permita descargar energéticamente el deseo manifestado en el placer, desde luego va afectando seriamente la capacidad ideal de realizar el sexo en base de sentimientos, de afectividad que permite otro trato más espiritual, más consono con lo que es y represewnta la magia sexual, el verdadero encuento sexual que tanto pregona el tantrismo.
La juventud que se inicia y experimenta en el sexo por primera vez debe saber como enfrentyarse ante esta prueba que debe pasar con éxito, sin oriinarse deterioramiento en sus emociones, aun en su salud, en su conducta, comportamiento.
No se trata de acostarse y compartir el sexo con quien se le presenta y le de la facilidad de hacerlo, se trata de realizarlo con basamentos serios de afectividad, que permita disfrutarlo al máximo con la integración reciproca de sentimiento, no se trata de un actofísico automático, hay algo más que eso, se trata de optimizar sentimientos proyectados en una unión física en armonía, equilibrio , no dejandose dominar por el deseo, sino que uno lo domine a este.
Se produce una compulsión ante lo ilusorio del vínculo, porque en realidad ese hombre, que luego desaparece, no la consideró en sí misma, a ella, como valiosa, importante, sino como un objeto para satisfacer una parte de su necesidad también adictiva.
Porque (si tiene suerte y atractivo) irá como un picaflor buscando la satisfacción de eso que aparentemente necesita: descargar su tensión sexual. Entonces se produce el desencuentro.
Él no quiere más que ese encuentro de “descarga”, de placer efímero y ella quiere que la sigan “queriendo” y ambos quedan profundamente insatisfechos. Ella, dolida. Él, buscando en otro lado.
Trate de sorprendese como está experimentando su sexo, que realmente le estça originando ello en su conducta, comportamiento y sobre todo en lo que se supone debe ser la unión correcta con la pareja seleccionada.


bobo
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