CHALEMOR

Japón presenta varias facetas al mundo que involucra desde su cultura, tradiciones, historia, trabajo, tecnología hasta todo lo involucrado con el sexo, incluyendo su dinámico ambiente de la prostitución

fer-martin.blogspot.com, porporciona la información que en Japón existen una grandísima cantidad de locales de prostitución, así como de "chicas de compañía". En la zona de Shinjuku y Shibuya se pueden encontrar muchísimos de estos locales sin dificultad. Existen incluso personas por la calle repartiendo panfletos de publicidad con fotos de chicas y sus números de teléfono. Yo los he llegado a ver incluso pegados a farolas en medio de la calle. Una práctica común en Japón -y no lo digo por propia experiencia-, consiste en ir con tus compañeros de la empresa a este tipo de locales de alterne y emborracharte en compañía de algunas de las chicas. Con esto hay que tener mucho cuidado, ya que si eres un Gaijin (extranjero) y te sientas en la barra de un bar donde está una chica muy provocativa, en el momento que empieces a hablar con ella, se activará su contador, y cuando te quieras ir, tendrás que pagar por tus bebidas, las suyas y su tiempo. En Japón, los Gaijins -extranjeros- están considerados por las chicas japonesas de la misma manera que las chicas orientales en Europa, es decir, como algo exótico y por lo tanto, atrayente. No estoy del todo seguro de que esto sea invertible, pero seguro que las lectoras del blog pueden darme su opinión. Como curiosidad, y para los lectores más morbosos, podría decir que las japonesas, cuando hacen el amor, emiten un sonido agudo que hace muy dificil distinguir si es placer o dolor lo que sienten. En cualquier caso, yo no tengo este problema en absoluto ;-) Ya por último, me gustaría destacar el hecho de que el japonés es un lenguaje mucho más rico de lo que me imaginaba.40.000 y 50.000 mujeres tailandesas se dedican a la prostitución en Japón

Lo peor de todo este mundo de la prostitución es que los vicios de los adultos los sufren los niños inocentes. Las cifras de niños que son prostituidos son de escándalo. UNICEF informaba en un informe preparado con motivo del II Congreso mundial contra la explotación sexual comercial que se celebró a finales de Diciembre del 2001 en Japón, que casi tres mil niños al día son obligados a entrar en el mercado del sexo en el mundo: un millón al año más o menos.

Se tiene el antecedente de Urairat Soimee quien nació en el distrito Lom Sak, en Phetchabun (Tailandia). Tenía tres hijos y vivía con su marido, que estaba paralítico debido a un accidente automovilístico. Como muchas mujeres en su pueblo, ella era muy pobre y tenía poca educación convencional. Era conocida el apodo Bua, que en tailandés significa ‘flor del loto’. Urairat fue reclutada para trabajar en Japón por una vecina rico, Patama Kosaka, quien era amiga de niñez de la madre de Urairat. Kosaka dijo que estaba casada con un hombre japonés y que era dueña de un restaurante tailandés en Japón, y que quería que Urairat trabajara allí como camarera. Urairat no tenía radio ni televisión, y por lo tanto no estaba enterada de los muchos casos de las mujeres que eran estafadas en Tailandia o forzadas a trabajar como prostitutas en el exterior.

Urairat llegó a Japón en el año 2000. Una mujer tailandesa llamada Dao y su marido la transportaron a Yokkaichi, una prefectura de Mie, donde le dijeron que ella tendría que trabajar como prostituta. Cuando ella protestó, le dijeron que si ella no se conformaba, la venderían a un burdel en una isla y sería lanzada al mar si trataba de escaparse. Le dijeron que podría regresar a Tailandia en cinco meses, apenas pagara su deuda de viaje. Durante este tiempo, la encerraron en un apartamento con otras esclavas tailandesas, y tomado hacia fuera por Dao a los cuartos del hotel de dar servícios a los clientes de tres a seis veces por día. Ella era forzada a tener relaciones con clientes incluso mientras estaba menstruando, e incluso después de contraer una dolorosa ETS (enfermedad de transmisión sexual).

Sin embargo, al final de cinco meses, Dao rechazó a lanzarla, diciendo que la habían vendido a otro grupo mafioso yakuza y por eso su deuda había aumentado. En consecuencia, Urairat se puso en contacto con otro esclavo tailandés del sexo, Pranee, y otro amigo tailandés para planear su escapatoria.

Las circunstancias del asesinato de Dao y el escapatoria de Urairat son pocos claros. En una entrevista con el Bangkok Post, Urairat dijo que un amigo tailandés, Boon, vino al apartamento y ayudó escaparse, y Boon finalmente mató a Dao para que Dao no fuera al yakuza. Sin embargo, Kyodo, la agencia de noticias, dijo que las fiscales japoneses acusaban a Urairat de robo y asesinato de Dao rompiéndole una botella en la cabeza. A pesar de los pedidos de organizaciones de los derechos humanos, Boon fue condenado a 10 años en la prisión por su complicidad en el asesinato, y a Urairat fue condenada a siete años. Mientras estaba en prisión, ella desarrolló una forma terminal de cáncer ovárico y fue repatriada en custodia para pasar sus últimos días con su familia en Tailandia.

Desde 1998 Interpol ha adelantado 15 grandes operaciones en las que han sido rescatadas 240 mujeres y capturados 95 integrantes de redes de tráfico de personas. Solo en Japón, en diciembre de 1999, fueron detenidas 100 mujeres colombianas y en mayo de 2000, rescatadas 60 latinoamericanas, entre ellas 24 colombianas. AP, Estados Unidos

tempusfungui.com, agrga, que aparte de los burdeles que existen desde tiempos inmemoriales en el país, con la bonanza material de la burbuja económica de los 80, las redes de prostitución se han diversificado y han comenzado a utilizar tecnología de punta. Se han abierto miles de clubes de conversación erótica y servicios de búsqueda de compañeros sexuales que aprovechan complejas centralitas telefónicas automáticas. La teleprostitución, concertada por telefonía móvil, es tan común como los usuarios: uno de cada cinco japoneses lleva un portátil.
Un filón valiososo del mercado sexual lo constituyen las adolescentes que cursan la secundaria o el bachillerato, entre los 15 y 18 años. A temprana edad, las muchachas japonesas se hacen con buscapersonas y móviles que la fiera competencia comercial pone en sus manos a precios razonables y que el elevado poder adquisitivo de la sociedad puede solventar. Las jóvenes llaman a los servicios de búsqueda, operados por proxenetas de la mafia japonesa, a través de los que se contactan con hombres mayores, quienes alquilan un cubículo telefónico en el mismo club o pagan la conexión desde un lugar más remoto. Conciertan una cita en una cafetería o les dejan un número de buscapersonas para recibir los mensajes del patrón. De esa manera, las muchachas pueden controlar las llamadas y pasar inadvertidas en casa. Las citas no siempre terminan en relaciones sexuales, pero las adolescentes reciben por sesión entre 20 y 40 mil yenes [23 y 46 mil pesetas], dinero que destinan, por lo general, a la compra de ropa, accesorios de marca o cosméticos. Muchos de estos productos sólo pueden usarlos fuera de casa para no despertar sospechas familiares.
Una encuesta reciente del Gobierno Metropolitano de Tokio, efectuada a más de 1.300 estudiantes de secundaria y bachillerato de 110 establecimientos educacionales, reveló que un 25% de los estudiantes había utilizado, por lo menos en una oportunidad, un servicio telefónico de concertación de citas. De las 527 adolescentes que respondieron, el 14% señaló que había hecho más de 21 llamadas. En otra consulta, destinada a conocer el arraigo social del fenómeno, 24 de las 840 estudiantes encuestadas señaló haber concertado, al menos una vez, una cita con un varón adulto.
La policía de Tokio y Osaka ha investigado meticulosamente los servicios de búsqueda de compañeros sexuales que emplean adolescentes para atraer a sus clientes. Al menos dos profesores de secundaria y bachillerato han caído en las redes policiales y han sido acusados de proxenetismo. Tampoco faltan las estudiantes que, ante el ostensible husmeo oficial, prefieren obtener 'padrinos' de manera directa. Para ello, dejan copias de fotos tamaño pasaporte con el número de su buscapersonas en diarios murales, postes callejeros o en cualquier sitio público donde los oficinistas puedan verlas.
ADOLESCENTES japonesas de clase media se prostituyen para comprar ropa de marca. Empiezan por aceptar un café y acaban en la cama en lo que eufemísticamente se llaman «relaciones de ayuda». Casi el 20% de hombres japoneses aprueba esta práctica
La denominada relación de ayuda se refiere al sexo con menores a cambio de dinero. Suele seguir un proceso de cortejo que la distingue de la prostitución común: las adolescentes se citan con un hombre para tomar café. Se dejan invitar. Otro día van al cine y se dejan coger la mano. Muchas se quedan en esta fase, pero otras continúan. Entonces se dejan besar, hasta que terminan teniendo relaciones sexuales pagadas.
En la otra punta de Tokio, en el barrio electrónico de Akihabara, a plena luz del día, cuatro aparentes colegialas oportunamente vestidas con el uniforme escolar reparten a los transeúntes masculinos invitaciones para una «fiesta privada». Son menudas y de aspecto casto, muy distintas a las llamativas ko-guiaru que suelen frecuentar Shibuya, el barrio joven, en busca de algún hombre que las ayude.
En la papeleta, hecha a mano, anuncian el «gran estreno de un espectáculo» en el que sugieren un striptease al final del acto: «¡Las cuatro bellas se quitarán el uniforme y todo! ¡No se lo pierdan!». El precio es más que asequible; poco más de 2.000 yenes (unos 15 euros) que si se multiplican por 50 espectadores les permitirá adquirir uno de los mayores objetos de deseo de la juventud femenina nipona: un bolso de Louis Vuitton.
«Por un bolso de marca estas chicas son capaces de mantener relaciones sexuales con un hombre», dice Mizuho Matsuda, responsable de la campaña contra la prostitución juvenil del Fondo Asiático para la Mujer, en Tokio. «Saben que es una vía muy fácil de saciar su capricho».
Las colegialas reparten sus invitaciones a hombres de todo tipo.Muy cerca, en una esquina, otra adolescente vende un calendario con imágenes suyas en bikini que alterna con otras en uniforme y en postura sugerente. En su rostro hay una expresión clara de satisfacción y orgullo de ser una modelo, aunque sea para su propio calendario.
La prostitución juvenil en Japón es, como en el resto de países industrializados, resultado de la sociedad de consumo y no de la pobreza. Expertos como Matsuda consideran que el origen del problema se halla en el consumismo exacerbado de la sociedad japonesa, latente -aunque en declive- desde la burbuja económica que en los años 80 y 90 llevó al país a una prosperidad sin precedentes.